viernes, 21 de marzo de 2014

RECUERDO… A MI ABUELA

                Era 9 de octubre y el cielo amaneció gris, recuerdo que a eso de las 13:30 empezó a llover y que mis pensamientos se dirigieron entonces a ella, "el cielo llora" pensé.
Las manillas del reloj apuntaban a las dos de la tarde cuando llamamos a mi madre y  justo en el momento en que me puse hablar con ella, alguien le susurró:
-"Juani ya, ya, se ha muerto”.
  Recuerdo que en ese instante mi voz fue incapaz de encontrar el camino de salida y se perdió en mi garganta. No supe cómo  reaccionar, ni que decir...lloré.
  El cielo continuaba dejando caer sus lágrimas cada vez con más fuerza y todo a mi alrededor se tornaba en tristeza.
  Recuerdo...me recuerdo vistiéndome de negro y pensando en cómo afrontar verla allí, descansando dentro de un ataúd.
  Recuerdo, que cuando llegue al tanatorio no reparé en nadie de cuantos ocupaban las sillas en aquella sala y que mis pies caminaron hasta detenerse frente al cristal...allí estaba, como si solo estuviera durmiendo...recuerdo que estaba bien vestida y que sus manos inertes reposaban sobre su pecho sosteniendo un par de rosarios. Recuerdo que sentí como mi alma se estremecía al verla sin vida, hundida en una caja fúnebre, y que entonces empezaron a brotar de mi alma las lágrimas más amargas que jamás hubieran surcado mi rostro.
  Recuerdo que era imposible apartar de mi mente aquella triste palabra...”adiós”.
Aquel día pasó como si las horas se hubieran tornado en segundos...yo lloraba y lloraba mientras familiares, vecinos, amigos, conocidos y demás pasaban por aquella sala para velar su cuerpo.
La noche del día 9  fue tan efímera como la vida de una lagrima, me recuerdo cerrar los ojos y despertar sin notar haber dormido. Ese día amaneció más temprano que de costumbre, o al menos eso me pareció, desperté en una de esas mañanas otoñales de lluvia en las que el frió penetra en los huesos, congelando los pensamientos, los sentidos y hasta el alma.
Recuerdo que esa mañana todos caminamos al cementerio para ver como sacaban a mi abuelo para enterrarlos a ambos juntos. La madera de la caja se deshacía como un terrón de azúcar en agua y sus huesos estaban negros y desintegrados por la humedad y el tiempo, recuerdo ver el traje con que lo enterraron y pensar en cuanto lo había estado echando de menos y cuanta falta me había hecho hasta entonces...
Volví al tanatorio absorta en mis pensamientos, "se ha ido...".
Recuerdo el momento más triste para mi...la hora de dejar el tanatorio y con él la última imagen que tendría de mi abuela, lloré, lloré y lloré sin poder contener mis lágrimas...quería que supiera tantas cosas..."no quiero dejarte ir",
Fue tan doloroso....recuerdo el llanto de los míos, especial el tuyo mami...pero no te preocupes que allí donde este siempre presumirá de hija y pronunciara tu nombre con orgullo, nunca nadie tendrá una hija como tú, lo sabes, lo sabemos y ahora también lo sabrán los de allí arriba. Ella nos espera para abrazarnos al reencuentro, mantengámosla viva hasta entonces...
El único consuelo que me queda es que se que ahora estás a su lado, como antes de que él se marchara, como si el tiempo se hubiese estancado en un buen recuerdo. Ahora podrás darle los besos que te pedía cuando se fue, podrás contarle todo lo que ha ocurrido desde aquel día...háblale de mi, dile que aún me acuerdo de él...
Recuerdo que aquel día la iglesia estaba llena de gente que quería despedirse de ella y que todos rezamos por su alma, para que encontrase la paz. Yo aun rezo.
Diles, Virgen, que aquí no los olvidaremos, dile a mi abuelo que ya han pasado 12 años y aun recuerdo a la perfección momentos a su lado, dile que sigue conmigo y que este tiempo lo he necesitado mucho, que lo he llevado en mi corazón y que siento que Eva no le conociera yo se que le habría querido un montón y que le hubiera encantado que le pelara castañas como a nosotras ¿recuerdas abuelo?, diles Virgen que por favor sean mis ángeles, que los necesito, dile a mi abuela que la echaré mucho de menos y que la conservaré en mi mejor recuerdo.
Diles Santísima, que siento con toda mi alma que se vayan a perder todo lo que venga.
Diles que les quiero con todo mi corazón y que siempre me acompañarán.
Y ahora te ruego virgen mía, que me los cuides, por favor, yo se que lo harás...confío en ti...
Recuerdo de aquel día 10 que caminé incrédula tras el coche fúnebre y que al llegar al cementerio sentí que un trozo de mi corazón se quedaba allí, con vosotros, tras esa pared que os dejo al otro lado. Recuerdo que partir dejándoos allí fue lo más duro que he hecho en toda mi vida. Pero aunque tu cuerpo este encerrado entre cuatro paredes, tu alma siempre vendrá conmigo.

Nunca te voy a olvidar, siempre fuiste, eres y serás la mejor abuela que se pueda desear. Te quiero.                             

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