Era 9 de octubre y el cielo
amaneció gris, recuerdo que a eso de las 13:30 empezó a llover y que mis
pensamientos se dirigieron entonces a ella, "el cielo llora" pensé.
Las
manillas del reloj apuntaban a las dos de la tarde cuando llamamos a mi madre
y justo en el momento en que me puse
hablar con ella, alguien le susurró:
-"Juani
ya, ya, se ha muerto”.
Recuerdo que en ese instante mi voz fue
incapaz de encontrar el camino de salida y se perdió en mi garganta. No supe
cómo reaccionar, ni que decir...lloré.
El cielo continuaba dejando caer sus lágrimas
cada vez con más fuerza y todo a mi alrededor se tornaba en tristeza.
Recuerdo...me recuerdo vistiéndome de negro y
pensando en cómo afrontar verla allí, descansando dentro de un ataúd.
Recuerdo, que cuando llegue al tanatorio no
reparé en nadie de cuantos ocupaban las sillas en aquella sala y que mis pies
caminaron hasta detenerse frente al cristal...allí estaba, como si solo
estuviera durmiendo...recuerdo que estaba bien vestida y que sus manos inertes
reposaban sobre su pecho sosteniendo un par de rosarios. Recuerdo que sentí
como mi alma se estremecía al verla sin vida, hundida en una caja fúnebre, y
que entonces empezaron a brotar de mi alma las lágrimas más amargas que jamás
hubieran surcado mi rostro.
Recuerdo que era imposible apartar de mi
mente aquella triste palabra...”adiós”.
Aquel
día pasó como si las horas se hubieran tornado en segundos...yo lloraba y
lloraba mientras familiares, vecinos, amigos, conocidos y demás pasaban por
aquella sala para velar su cuerpo.
La
noche del día 9 fue tan efímera como la
vida de una lagrima, me recuerdo cerrar los ojos y despertar sin notar haber
dormido. Ese día amaneció más temprano que de costumbre, o al menos eso me
pareció, desperté en una de esas mañanas otoñales de lluvia en las que el frió
penetra en los huesos, congelando los pensamientos, los sentidos y hasta el
alma.
Recuerdo
que esa mañana todos caminamos al cementerio para ver como sacaban a mi abuelo
para enterrarlos a ambos juntos. La madera de la caja se deshacía como un
terrón de azúcar en agua y sus huesos estaban negros y desintegrados por la
humedad y el tiempo, recuerdo ver el traje con que lo enterraron y pensar en
cuanto lo había estado echando de menos y cuanta falta me había hecho hasta
entonces...
Volví
al tanatorio absorta en mis pensamientos, "se ha ido...".
Recuerdo
el momento más triste para mi...la hora de dejar el tanatorio y con él la
última imagen que tendría de mi abuela, lloré, lloré y lloré sin poder contener
mis lágrimas...quería que supiera tantas cosas..."no quiero dejarte
ir",
Fue
tan doloroso....recuerdo el llanto de los míos, especial el tuyo mami...pero no
te preocupes que allí donde este siempre presumirá de hija y pronunciara tu
nombre con orgullo, nunca nadie tendrá una hija como tú, lo sabes, lo sabemos y
ahora también lo sabrán los de allí arriba. Ella nos espera para abrazarnos al
reencuentro, mantengámosla viva hasta entonces...
El
único consuelo que me queda es que se que ahora estás a su lado, como antes de
que él se marchara, como si el tiempo se hubiese estancado en un buen recuerdo.
Ahora podrás darle los besos que te pedía cuando se fue, podrás contarle todo
lo que ha ocurrido desde aquel día...háblale de mi, dile que aún me acuerdo de
él...
Recuerdo
que aquel día la iglesia estaba llena de gente que quería despedirse de ella y
que todos rezamos por su alma, para que encontrase la paz. Yo aun rezo.
Diles,
Virgen, que aquí no los olvidaremos, dile a mi abuelo que ya han pasado 12 años
y aun recuerdo a la perfección momentos a su lado, dile que sigue conmigo y que
este tiempo lo he necesitado mucho, que lo he llevado en mi corazón y que
siento que Eva no le conociera yo se que le habría querido un montón y que le
hubiera encantado que le pelara castañas como a nosotras ¿recuerdas abuelo?,
diles Virgen que por favor sean mis ángeles, que los necesito, dile a mi abuela
que la echaré mucho de menos y que la conservaré en mi mejor recuerdo.
Diles
Santísima, que siento con toda mi alma que se vayan a perder todo lo que venga.
Diles
que les quiero con todo mi corazón y que siempre me acompañarán.
Y
ahora te ruego virgen mía, que me los cuides, por favor, yo se que lo
harás...confío en ti...
Recuerdo
de aquel día 10 que caminé incrédula tras el coche fúnebre y que al llegar al
cementerio sentí que un trozo de mi corazón se quedaba allí, con vosotros, tras
esa pared que os dejo al otro lado. Recuerdo que partir dejándoos allí fue lo
más duro que he hecho en toda mi vida. Pero aunque tu cuerpo este encerrado
entre cuatro paredes, tu alma siempre vendrá conmigo.
Nunca
te voy a olvidar, siempre fuiste, eres y serás la mejor abuela que se pueda
desear. Te quiero.
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