Sentía su aliento recorriendo mi espalda y sus manos rodeando mi cintura y notaba como mi feliz mundo se desvanecía a cada soplo de aire que emanaba de su aliento.
Por miedo a cuanto podía ofrecerme me alejé de su mundo huyendo cual presa huye de su predador, me alejé de su vida, de su presencia, hasta de su silencio.
Supe entonces que era todo lo contrario lo que quería conseguir, quería que me siguiera, que corriera tras de mi, sin embargo se esfumó, se perdió entre recuerdos y verdades a medias, me dejó sola, tan sola que hasta el aire parecía haber abandonado mis pulmones y sentada me quedé esperando una y otra noche para volver a sentir cuanto podía darme, me quedé hundida, sola, llorando, con el futuro hecho añicos, el pasado emborronado y el presente inundado de dolor.
Y entonces amaneció, un día sin luz ni sol, amaneció el último día de mi esperanza que perdida entre recuerdos se alejó de mi lado para no regresar.
Aunque no lo sepas, nunca quise dejarte ir...jamás quise que te marcharas.
Quizás debí gritarlo cuando tuve oportunidad, quizás debí haber tratado de evitarlo con lo poco que me quedaba de fuerza...
Y ahora me pregunto si lo que pudo y no fue es el causante de este agujero que tengo en el pecho, si es eso lo que me impide dormir cada noche. Quizás sea más sencillo que todo eso y solo sea el remordimiento lo que me está matando por dentro, quizás si hubiera sido mejor te habrías quedado, habrías vuelto.
Pero si he de ser totalmente sincera, jamás llegué a comprender el por qué, no logro entenderlo...¿qué sucedió?
Estábamos abrazados, mi espalda contra tu pecho, mi respiración por tus latidos y mis latidos por tu respiración.
Estábamos unidos, con los dedos entrelazados y tu aliento en mi cuello y se perdió.